La historia del Templo de Filae comienza alrededor del siglo IV a.C., durante el período ptolemaico, aunque el emplazamiento ya era sagrado desde mucho antes.
Los faraones Ptolomeo III y Ptolomeo XII fueron los principales impulsores de su construcción, y las obras continuaron durante siglos, incluso bajo el dominio romano.
Durante la época cristiana, el templo fue parcialmente convertido en iglesia, y algunos relieves fueron modificados o borrados.
Fue uno de los últimos reductos del culto egipcio tradicional: los sacerdotes de Isis siguieron celebrando rituales allí hasta el siglo VI d.C., mucho después de que el resto del Imperio Romano adoptara el cristianismo.
El gran rescate de la UNESCO
El capítulo más dramático de su historia llegó en el siglo XX. Cuando se construyó la Presa de Asuán en 1902, la antigua isla de Filae quedó sumergida durante la mayor parte del año.
Con la construcción de la Gran Presa de Asuán en la década de 1960, la inundación se volvió permanente y el templo quedó completamente bajo el agua.
Ante esta amenaza, la UNESCO lanzó una campaña internacional de rescate. Entre 1972 y 1980, el templo fue desmontado piedra a piedra y trasladado a la cercana isla de Agilkia, que fue remodelada para recrear la topografía original de Filae.
Fue un logro de ingeniería y conservación sin precedentes, comparable al rescate de Abu Simbel.